\\ LA REVISTA DEL CINE FANTÁSTICO, EL TERROR Y LA CIENCIA FICCIÓN //

 
 

 

 
 

RATED R                                                                                 JULIO-AGOSTO 2010




HUELE A CHAMUSQUINA

Estamos en el infierno. Y no sólo por el tremendo calor que hace en verano en muchas zonas de España (¡Por dios! El propio infierno parecería más frío tras pasar por Madrid en pleno julio). Y ya se sabe. Estos calores invitan siempre a las cervezas heladas, a las fiestas nocturnas en la playa, a piscinas repletas y a siestas infinitamente prolongadas.

Pero claro, ya nadie se acuerda de que desde el infierno y entre sueños acecha el terror ochentero más sangriento. Entre las idas y venidas del señor Morfeo nos encontramos un mito del horror, una de las figuras clave en el cine de terror. Sombrero, jersey a rallas rojas y negras y unas afiladas garras metálicas son su seña de identidad. Acechando, infalible y con una cara derretida  al más puro estilo Dos Caras. Sí, con meses de retraso respecto a su estreno en Estados Unidos, la nueva versión de Pesadilla en Elm Street llegará a mitad del verano. Claro, ya sabéis, si no vuelven a cambiar las fechas de estreno (Splice debería haberse estrenado en Junio y su estreno ha sido pospuesto hasta Julio).

La verdad es que el panorama de terror para este verano es un tanto pobre. Pocos estrenos, apenas dos que llamen la atención de primeras. Por un lado la ya comentada en el Rated R anterior, Splice. Por otro, el remake que nos ocupa, el regreso de Freddy Krueger al cine. Más violento, más salvaje, más gore. Posiblemente marca de los nuevos tiempos. Sin embargo, alcanzar este verano en cines las sensaciones provocadas por los inicios de la saga allá en los ochenta, resulta casi imposible.

Quizá en parte porque ya sabemos de qué va el asunto. Krueger empieza a matar durante los sueños a un grupo de jóvenes, por lo que permanecer despierto parece la única opción para salvarse. Conseguirlo, ya lo saben, no es tan sencillo. Aunque la premisa es simple, puede dar mucho juego. Sin embargo, siguiendo la triste tradición del cine de terror moderno, los personajes no llegan a importarte y por tanto su vida o muerte no importa al espectador, más entretenido en averiguar cómo va a morir el siguiente, cuánta sangre se va a ver y lo original o divertida de la muerte en cuestión.

Parte de la culpa es del guión, escrito por Wesley Strike, quien ya se encargó del libreto de la tercera entrega de la saga. Pero  desde luego, comparte culpabilidad con el director, Samuel Bayer, otro  de esos directores de la generación del videoclip. Desde los Rolling a Nirvana, Bayer ha dirigido diversos videos musicales a lo largo de su carrera aunque debuta como director de largometrajes con este remake. La puesta en escena no está nada mal para un debutante, todo hay que decirlo. Ambientación y efectos están bastante conseguidos, la fotografía es bastante decente y hasta consigue algunos giros interesantes hacia el final… Pero da la sensación de que ya hemos visto esta película muchas veces. Y no lo digo sólo porque la película sea la octava de una saga iniciada en los ochenta. Lo digo porque podría estar realizada por cualquier otro director bajo la mano de Platinum Dunes, productora de ésta y otras nuevas revisiones del terror de los ochenta. Se nota demasiado la mano de la compañía, que otorga un acabado similar a todos sus filmes, creando esa sensación de falta de originalidad.

Sin embargo, algunas películas como la nueva versión de La Matanza de Texas mantenían un nivel correcto dentro del género y de unas pretensiones sencillas y efectistas.  Existía cierta intriga, suspense, sorpresas… Unas nociones básicas de narración que entretenían e intrigaban, como en la película original.  No se puede enseñar por completo al antagonista, al que tiene que dar miedo, al principio de la película. Se desmitifica al asesino, se pierde el terror a lo desconocido, la intriga de ir descubriendo su  maldad y sus armas, su aspecto y su forma de actuar. Por mucho que en el imaginario popular todos sepamos quién es el tal Freddy, no podemos presentar al villano de esa forma.  En esta nueva versión no hay tensión, no hay ni el menor ápice de miedo en el espectador.

Cierto es que las muertes son “divertidas”. Desde ese punto de vista no se puede reprochar nada a la película, que posiblemente será disfrutada por muchos jóvenes, ansiosos hoy de películas con muertes y sangre. Desde luego, ese aspecto lo cubre muy bien. Lo justo para que los más reacios a la sangre lo pasen mal sin vomitar pero suficiente para saciar las ansias de los fans más acérrimos de la carnaza en el cine. Un equilibrado punto medio para una película que requiere exactamente eso, balance en lo explícito de la violencia.

No todo es tan malo y por momentos la planificación es bastante buena, con detalles realmente impactantes a nivel visual e incluso interesantes elementos en el guión en el tercer acto.  Mención aparte para el montaje de sonido del filme, con una inquietante banda sonora de Steve Jablonsky (muy en la línea del remake de The Ring) y con algún guiño que otro (poco) al score de la Pesadilla original de Charles Bernstein.

Pero la taquilla funciona (sin excesos, eso sí). Demasiado poco para una saga de la que todos esperaban mucho más,  para personaje tan mítico como Freddy Krueger. Y es que al final, en el viciado e irrespirable aire de este verano, queda flotando la pregunta de si realmente alguien esperaba que la cara requemada de Krueger no oliera a chamusquina a estas alturas de la función.



Diego Sánchez

This article is RATED R
For pervarsive strong violence,
gore and sexual language


   

 

  

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