HUELE A CHAMUSQUINA
Estamos en el infierno. Y no sólo por el
tremendo calor que hace en verano en muchas
zonas de España (¡Por dios! El propio
infierno parecería más frío tras pasar por
Madrid en pleno julio). Y ya se sabe. Estos
calores invitan siempre a las cervezas
heladas, a las fiestas nocturnas en la
playa, a piscinas repletas y a siestas
infinitamente prolongadas.
Pero claro, ya nadie se acuerda de que desde
el infierno y entre sueños acecha el terror
ochentero más sangriento. Entre las idas y
venidas del señor Morfeo nos encontramos un
mito del horror, una de las figuras clave en
el cine de terror. Sombrero, jersey a rallas
rojas y negras y unas afiladas garras
metálicas son su seña de identidad.
Acechando, infalible y con una cara
derretida al más puro estilo Dos Caras. Sí,
con meses de retraso respecto a su estreno
en Estados Unidos, la nueva versión de
Pesadilla en Elm Street llegará a mitad
del verano. Claro, ya sabéis, si no vuelven
a cambiar las fechas de estreno (Splice
debería haberse estrenado en Junio y su
estreno ha sido pospuesto hasta Julio).
La verdad es que el panorama de terror para
este verano es un tanto pobre. Pocos
estrenos, apenas dos que llamen la atención
de primeras. Por un lado la ya comentada en
el Rated R anterior, Splice. Por
otro, el remake que nos ocupa, el regreso de
Freddy Krueger al cine. Más violento, más
salvaje, más gore. Posiblemente marca de los
nuevos tiempos. Sin embargo, alcanzar este
verano en cines las sensaciones provocadas
por los inicios de la saga allá en los
ochenta, resulta casi imposible.
Quizá en parte porque ya sabemos de qué va
el asunto. Krueger empieza a matar durante
los sueños a un grupo de jóvenes, por lo que
permanecer despierto parece la única opción
para salvarse. Conseguirlo, ya lo saben, no
es tan sencillo. Aunque la premisa es
simple, puede dar mucho juego. Sin embargo,
siguiendo la triste tradición del cine de
terror moderno, los personajes no llegan a
importarte y por tanto su vida o muerte no
importa al espectador, más entretenido en
averiguar cómo va a morir el siguiente,
cuánta sangre se va a ver y lo original o
divertida de la muerte en cuestión.
Parte de la culpa es del guión, escrito por
Wesley Strike, quien ya se encargó del
libreto de la tercera entrega de la saga.
Pero desde luego, comparte culpabilidad con
el director, Samuel Bayer, otro de esos
directores de la generación del videoclip.
Desde los Rolling a Nirvana, Bayer ha
dirigido diversos videos musicales a lo
largo de su carrera aunque debuta como
director de largometrajes con este remake.
La puesta en escena no está nada mal para un
debutante, todo hay que decirlo.
Ambientación y efectos están bastante
conseguidos, la fotografía es bastante
decente y hasta consigue algunos giros
interesantes hacia el final… Pero da la
sensación de que ya hemos visto esta
película muchas veces. Y no lo digo sólo
porque la película sea la octava de una saga
iniciada en los ochenta. Lo digo porque
podría estar realizada por cualquier otro
director bajo la mano de Platinum Dunes,
productora de ésta y otras nuevas revisiones
del terror de los ochenta. Se nota demasiado
la mano de la compañía, que otorga un
acabado similar a todos sus filmes, creando
esa sensación de falta de originalidad.
Sin embargo, algunas películas como la nueva
versión de La Matanza de Texas
mantenían un nivel correcto dentro del
género y de unas pretensiones sencillas y
efectistas. Existía cierta intriga,
suspense, sorpresas… Unas nociones básicas
de narración que entretenían e intrigaban,
como en la película original. No se puede
enseñar por completo al antagonista, al que
tiene que dar miedo, al principio de la
película. Se desmitifica al asesino, se
pierde el terror a lo desconocido, la
intriga de ir descubriendo su maldad y sus
armas, su aspecto y su forma de actuar. Por
mucho que en el imaginario popular todos
sepamos quién es el tal Freddy, no podemos
presentar al villano de esa forma. En esta
nueva versión no hay tensión, no hay ni el
menor ápice de miedo en el espectador.
Cierto es que las muertes son “divertidas”.
Desde ese punto de vista no se puede
reprochar nada a la película, que
posiblemente será disfrutada por muchos
jóvenes, ansiosos hoy de películas con
muertes y sangre. Desde luego, ese aspecto
lo cubre muy bien. Lo justo para que los más
reacios a la sangre lo pasen mal sin vomitar
pero suficiente para saciar las ansias de
los fans más acérrimos de la carnaza en el
cine. Un equilibrado punto medio para una
película que requiere exactamente eso,
balance en lo explícito de la violencia.
No todo es tan malo y por momentos la
planificación es bastante buena, con
detalles realmente impactantes a nivel
visual e incluso interesantes elementos en
el guión en el tercer acto. Mención aparte
para el montaje de sonido del filme, con una
inquietante banda sonora de Steve Jablonsky
(muy en la línea del remake de The Ring)
y con algún guiño que otro (poco) al score
de la Pesadilla original de Charles
Bernstein.
Pero la taquilla funciona (sin excesos, eso
sí). Demasiado poco para una saga de la que
todos esperaban mucho más, para personaje
tan mítico como Freddy Krueger. Y es que al
final, en el viciado e irrespirable aire de
este verano, queda flotando la pregunta de
si realmente alguien esperaba que la cara
requemada de Krueger no oliera a chamusquina
a estas alturas de la función.
Diego Sánchez
This article is RATED R
For pervarsive strong violence,
gore and sexual language